Historias de JPO


¡Oh, cúan lejos llegarás!

Shoko Noda es una antigua Jóven Profesional japonesa en funciones en la Oficina de campo del PNUD en Tayikistán donde estába encargada de los temas referentes a las Mujeres en el Desarrollo (1997-2000). Ahora es la representante residente adjunta en Mongolia.

 

Shoko Noda

Del mismo modo en que la personalidad y el carácter de un bebé se forman con las primeras experiencias, mis primeros dos años con el PNUD - Tayikistán fueron la base para mi desarrollo profesional en tanto que miembro de la familia del PNUD. No sería quien soy hoy sin esa experiencia.

 

Una llegada agitada...

Se suponía que entrase al PNUD - Tayikistán en noviembre de 1997. La semana antes de mi viaje tenía todas mis cosas empacadas y arregladas, a excepción de dos valijas. Mis amigos en Japón organizaron una cena de despedida. Yo estaba encantada de comenzar mi vida como Joven Profesional en Tayikistán. Henrik Kolstrup de la dirección regional me había dicho que las oportunidades de desarrollo eran inmensas en Tayikistán dado que el acuerdo de paz había sido firmado en junio de ese año. No habría ni siquiera considerado ir a otro lugar.

 

"Han raptado ayer a dos franceses y decidimos suspender todas las misiones", dijo una voz en el teléfono que atendí mientras estaba con mis amigos en la cena de despedida. "Quédese en Japón hasta que reciba otras instrucciones."

Una semana más tarde, mataron a uno de los franceses que habían sido raptados durante una operación de rescate. La oficina de recursos humanos de Nueva York sugirió que reconsiderase mi trabajo en Tayikistán. Sin embargo, Paolo Lembo, entonces jefe de la oficina en Tayikistán, no veía ningún problema. "No se preocupe", me dijo por teléfono. "Yo estoy esperando ansiosamente su incorporación."

 

"Se suponía que entrase al PNUD – Tayikistán en noviembre de 1997."
"Se suponía que entrase al PNUD - Tayikistán en noviembre de 1997."

 

Algunas costumbres que tomar

Dos meses y treinta y seis horas de vuelo más tarde llegué desde Tokio a Dushanbe. Era un día muy frío. Por la noche no había electricidad y me sentía sola en mi apartamento con una vela y sin calefacción. El agua corriente era de color marrón. Cuando llovía, el agua era todavía más oscura. Cuando lavaba mi ropa blanca quedaba beige o marrón, así que comencé a usar sólo ropa de colores oscuros.

El Mercado Holanda era el único supermercado de la ciudad y allí iban sobre todo extranjeros. Generalmente se quedaban sin artículos tales como leche o atún, y el agua embotellada venía de Europa. Afuera del mercado, en la calle, la gente ponía puestos y vendía todo lo que encontraba en sus casas para vender.

En la oficina teníamos una "cuota de papel" para imprimir y fotocopiar, como en el sistema soviético. Para imprimir algo tenía que poner "mi" hoja de papel en la impresora primero y volver a mi computadora para dar la orden de impresión. No había proveedor de Internet en el país. Toda la oficina enviaba y recibía mensajes e-mail cuatro veces al día conectándose a un proveedor gratis en Kiev. Yo tuve que obtener permiso de un oficial superior de programa para enviar mensajes y todos los mensajes salientes llevaban la mención: "Shoko Noda en nombre del Representante Residente del PNUD - Tayikistán". Cuando llovía, no recibíamos e-mail.

Para hacer una llamada internacional teníamos que llenar un formulario indicando el código presupuestario y la razón de la llamada y conseguir la firma del director adjunto. Algunas veces nos llevaba medio día conseguir la firma. Luego teníamos que ir a la oficina de comunicaciones y pedir al operador que hiciese la llamada. Para llamar a mi familia en Japón tenía que ir al correo y hacer una cita para que el operador hiciese la llamada.

 

Mi tarea

El día que conocí a Paolo, él me dijo que tenía que aprender a gozar de mi trabajo. También me dijo que la ONU era como el teatro; todos tenían un papel que interpretar e independientemente de lo que pasase entre bambalinas, todos tenían que interpretarlo. No comprendí entonces lo que decía, pero en seguida me cayó bien. Todavía no sabía qué poco usual era que el director de la oficina se tomase el tiempo de dar la bienvenida a una Joven Profesional como él lo había hecho. (Cuando el nuevo JPO llegue a Mongolia - donde estoy ahora - dentro de pocas semanas, yo haré lo mismo.)

Me pusieron a trabajar en el proyecto Mujeres en el Desarrollo. Trabajaba con el personal del proyecto y les hablé de planes de trabajo, de presupuestos y de la importancia de ser transparente. Durante los siguientes dos años puse toda mi energía y mi corazón en ese proyecto y en su personal.

 

Una situación volátil en materia de seguridad

Lo que causaba estrés era la situación volátil en materia de seguridad. Una tarde, en mayo, llegué a casa justo antes del cubrefuego de las 6 de la tarde y me acosté temprano. A las 10.30 de la noche me desperté porque todo el edificio temblaba. Miré por la ventana y vi un convoy de tanques militares que pasaban por la calle Rudaki en dirección a Kafanikhon, que es una ciudad en las afueras de la capital. A la mañana siguiente oí bombardeos a la distancia. La oficina estaba cerrada. Comí con Dilbar Djalolova, asistente de Paolo, que vivía en el mismo edificio, mientras los bombardeos continuaron durante todo el día.

Un 20 de julio mataron a cuatro colegas de la Misión de Observadores de la ONU en Tayikistán, incluyendo un oficial político japonés, en Garm, que es una región en el este de Tayikistán que había estado bajo control de la oposición. Se encontraron sus cuerpos en el fondo de un barranco. Esa noche no dormí. Tres días más tarde despedimos sus ataúdes en el aeropuerto. En agosto me vi forzada a abandonar el país a pedido del gobierno japonés. Me permitieron volver sólo en octubre. Entonces trabajé todavía más para recuperar el tiempo perdido.

Las dificultades continuaron hasta que me fui en enero del 2000. En ese momento supe que Henrik tenía razón. A fines de 1990 había sólo unos pocos donantes en Dushanbe y la presencia del PNUD en el país era crítica. El último día que pasé allí organicé una despedida en una galería de arte. Mis colegas me trajeron rosas rojas y todos con los que había trabajado o que conocía, desde la familia del dueño de mi apartamento hasta el primer ministro adjunto, vinieron a despedirse. Me sentí emocionada con sus palabras cariñosas. Para agradecerles toqué el Nocturno de Chopin, que es mi pieza favorita.

 

Pasado y presente se dan la mano

En 2004, volví a Tayikistán por unos días. Un ex colega del proyecto Mujeres en el Desarrollo y Dilbar me estaban esperando en el aeropuerto. El proyecto se había transformado en una organización no gubernamental y estaba actuando como agencia implementadora para varios donantes. Hicimos un viaje a Tursunzade para ver cómo el sistema de micro créditos que nosotros habíamos comenzado había crecido y era sostenible. Me sentí inmensamente orgullosa de que mi trabajo hubiese aportado una modesta contribución. Por la noche celebramos mi cumpleaños, que había sido la semana anterior. Me sorprendió que pudiésemos caminar por la ciudad de noche sin preocuparnos por la seguridad.

Desde entonces he trabajado en Kosovo, Serbia, Nueva York, la República Democrática del Congo, Pakistán y Mongolia. He aprendido muchas cosas y he conocido a colegas excepcionales. Las personas me preguntan cómo hago para trabajar en esos lugares difíciles. Mi respuesta es simple: creo en lo que el PNUD puede hacer por la gente. Con eso en mente, las dificultades diarias que deba soportar son un pequeño precio a pagar.

Ya estoy terminando la primera década de trabajo con el PNUD. Dentro de poco entraré en mi adolescencia PNUD y estoy entusiasmada pensando en lo qué me espera.

 

"Mis primeros dos años con el PNUD – Tayikistán fueron la base para mi desarrollo profesional en tanto que miembro de la familia del PNUD."
"Mis primeros dos años con el PNUD - Tayikistán fueron la base para mi
desarrollo profesional en tanto que miembro de la familia del PNUD."

 

 

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